Como seres humanos no tenemos acceso a la realidad. Nosotros creamos nuestra propia realidad.

La forma en que miramos al mundo e interpretamos lo que nos ocurre y las estrategias que adoptamos para satisfacer nuestras necesidades, determinan en gran medida nuestra realidad.

Esa percepción de la realidad impregna completamente la manera en que nos relacionamos con nosotros mismos, con los demás y con las situaciones que nos toca vivir.

Y esa es, sin duda, la mayor fuente de bienestar, satisfacción y plenitud en nuestra vida y también el origen de nuestro malestar, frustración, confusión, malentendidos, desacuerdos, conflictos interpersonales, peleas, divorcios y guerras.